jueves, 9 de septiembre de 2010

Go ahead & Quote Me

El lugar donde el corazón de la joven latía con tanta fuerza contra la delicada piel.

«Si supieras lo que soy, no me sonreirías —había pensado sombrío—. He ganado esta competición vuestra mediante engaños. Y la chica a la que amas..., porque la amas, ¿verdad?, está en mis pensamientos justo ahora.»
Sangre humana. El elixir supremo, el vino prohibido. Más embriagador que cualquier licor, la humeante esencia de la vida misma. Y estaba tan cansado de oponerse al ansia...
Tomaré sangre humana,sólo cuando haya encontrado a mi compañero, aquel que estará junto a mí por toda la eternidad.

No lo hagas —dijo él—. Elena, no pongas esa expresión. Lo siento. —Suspiró—.

De acuerdo, ¿qué es lo que se supone que debo hacer? ¿Atarlo de pies y manos y
arrojarlo ante tu puerta?

Ese chico es simplemente poesía en movimiento...

¿Lo pasas bien? —preguntó.

«Lo hago ahora». Él no lo dijo, pero ella supo que era lo que pensaba; lo veía en el


Aquellos ojos verdes oscureciéndose, volviéndose negros de deseo... Tuvo la repentina sensación de que podría acercarla a él bruscamente y  besarla con fuerza, sin decir ni una palabra en ningún momento.


Elena de la Serie, Contra los cabellos dorados y los ojos azules
de la Elena de los libros.

Placer y deseo corrían veloces entre ellos, conectándolos, uniéndolos. Y Elena percibió también una fuente de emociones muy profundas dentro de él. Él quería abrazarla eternamente, protegerla de todo daño. Quería defenderla de cualquier mal que la amenazara. Quería unir su vida a la de ella.


Katherine sacudía la cabeza afligida, con los preciosos ojos azules empañados por las lágrimas.
Quien elija ser mi esposo debe renunciar a la vida a la luz del sol —susurró—.

Debe elegir vivir bajo la luna y en las horas de la oscuridad

Había renunciado a todo derecho a la luz del sol y se había convertido en una criatura de la oscuridad por ella. Un cazador condenado a ser cazado eternamente, un ladrón que debía robar vida para llenar sus propias venas.




Lucía el anillo era del mismo azul profundo que el cielo nocturno. Era como si Katherine llevara un pedazo de noche con ella, siempre.

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